El componente emocional de la iluminación navideña ejerce una influencia perturbadora en las personas, que nos hace desestimar en ocasiones cuestiones fundamentales como son el derroche y la contaminación lumínica. Podemos afirmar, sin ánimo de resultar agoreros, que ese componente emocional desencadena actuaciones inversamente proporcionales al respeto y la sostenibilidad del planeta. Cada año las ciudades y pueblos incrementan el gasto lumínico para conmemorar la Navidad, la mayor celebración de Occidente, que coincide precisamente con el traumático túnel de oscuridad del solsticio de invierno.

¡Necesitamos luz más que nunca! Y los millones de bombillas engalanando árboles, farolas y edificios contribuyen a paliar, al menos en parte, esta sensación de melancolía que nos invade. Pero el brillo tiene un coste, altísimo, no solo en términos económicos sino medioambientales ¿Cómo resolver el dilema sin convertirnos en Mr. Scrooge?

Cifras astronómicas por simular estrellas

El ayuntamiento de Cuenca ha gastado este año 60.000 euros en luces de Navidad. La ciudad de Madrid, haciendo gala de su capitalidad, ha colocado un total de 10,9 millones de bombillas elevando el gasto hasta los 3,17 millones de euros; una cifra similar a la del año pasado.  El presupuesto por habitante en Toledo ha sido de 2,29 euros, ascendiendo en total a 193.388 euros, un gasto muy superior al de Ciudad Real, por ejemplo, que destinó 0,59€ por habitante.

Las diferencias entre municipios es enorme y no suele depender de densidad de población o jerarquía en su zona, sino más bien del compromiso de los ayuntamientos con la sostenibilidad. Podéis consultar el gasto en iluminación navideña en diferentes ciudades y poblaciones de España, y comparar los diversos niveles de conciencia energética que gastan sus consistorios. Os va a sorprender.

Iluminación y consumo: un binomio ganador

El comercio y la restauración han sido grandes afectados por la pandemia de Covid19 durante el año 2020, y en muchos casos han ejercido presión para potenciar el alumbrado de Navidad, sabedores del efecto que producen las luces en el consumidor. Su experiencia dicta una influencia directa de la iluminación en el incentivo de compras y consumo, pero ¿merece la pena ‘salvar el año’ a cambio del deterioro del paneta?

Es difícil ponerse en la piel de todos, pero determinados sectores consideran execrable el gasto en la iluminación navideña de las ciudades, habiendo colectivos tan necesitados precisamente ahora. En su opinión, y a pesar de que prácticamente todas las bombillas sean led, la iluminación navideña sostenible sencillamente no existe.

Algunas ciudades, como Bélgica, han apostado por compensar el gasto generado por el la iluminación navideña con una reducción de la intensidad del alumbrado público; una solución inteligente y consensuada por todos que podría ponerse en práctica en cualquier lugar del mundo. Mánchester, la industriosa ciudad del norte de Inglaterra, también puede presumir de su eficiencia, al utilizar energía sostenible en el 100% de su alumbrado público navideño.

Según National  Geographic, el 60% de la población mundial no puede contemplar la Vía Láctea a causa de la contaminación lumínica, que afecta tanto a personas como a los insectos o incluso al plancton.

¿Hora de reflexionar? Como decían los griegos, en el medio está la virtud: disfrutemos de la emoción navideña y sus titilantes luces con conciencia y eficiencia, pensando en el futuro; lo único que está en nuestras manos.

¡Felices Fiestas!

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