El sector del vino en nuestro país exportó en el año 2014 una cifra global de 25.848,4 millones de euros. Unas 4.000 bodegas familiares, con capital mayoritariamente español y en gran medida constituidas como cooperativas, elaboran vinos en España. Se considera un área de gran importancia no sólo por el valor económico que genera, sino por la población a la que ocupa y el beneficio para el medio ambiente que representa.

Actualmente el sector vitivinícola español se halla en un momento de regeneración, con una reestructuración de las hectáreas de cultivo desde el año 2000 superior a las 130.000 y una inversión de 800 millones de euros. Siendo el primer país productor de vino del mundo -lideramos el ranking de venta por volumen-, no conseguimos obtener los beneficios de Francia o Italia, puesto que posicionan sus caldos en el mercado a un precio muy superior al nuestro.

Parece claro que los bodegueros españoles quieren tomar las riendas de la situación e invertir en calidad con objeto de que en vez de ser líderes en volumen, seamos líderes en beneficios. Y los estamos ayudando.

‘La cerveza la inventaron los hombres, pero el vino es obra de Dios’. Lutero.

Castilla-La Mancha, la zona geográfica con mayor extensión del mundo dedicada al cultivo de la vid, produce 24,5 millones de hectolitros, el 57% de la producción del país. Le sigue Extremadura (83.055 has, 8,7 %), Valencia (65.068 has), Castilla y León (63.732 has), Cataluña, La Rioja, Aragón, Galicia, Murcia y Andalucía.

La caricia y el sudor son imprescindibles, el vino no sería como es si eso desapareciera, pero la venta competitiva pasa por una tecnificación de los procesos y una mejora en las instalaciones. El granito de uva que pone Electricidad Harinero para potenciar el vino español consiste en la automatización de todo el sistema productivo y su mantenimiento.

Principalmente realizamos trabajos de control de presión mediante bombas variables –multibombas- para evitar los múltiples problemas derivados de la variación de presión en el sistema. Estas bombas variables, a partir de la llamada ‘bomba joker’, regulan la falta o exceso de presión para que ésta sea constante. Cambiando su velocidad cada 24 horas, la bomba joker consigue modificar la de las otras para que su acción resulte homogénea y se alcancen los objetivos de calidad y ahorro adecuados. Este procedimiento es imprescindible para garantizar un riego constante y sectorizado en una explotación vitivinícola.

Otra importante aplicación de nuestra experiencia en este sector atiende la necesidad de una temperatura perfecta en los depósitos de vino y mostos. El principio es el mismo, mediante determinados procedimientos con reguladores y sondas,  certificamos una temperatura regular para que el agua enfríe de modo uniforme todos los depósitos y se mantenga el nivel adecuado de ventilación.

Tenemos relación con muchas bodegas, pero sobre todo trabajamos con dos buenos amigos de la zona, la bodega Herederos de Egido y de la Torre, y la de Rafael Martínez-Raposo, ambas en Toledo. El reto es enorme, supone un esfuerzo de todos los agentes de valor de la cadena, pero ya estamos viendo los primeros frutos de ese trabajo: pequeñas bodegas llegan a acuerdos con países tan estratégicos como China o EEUU –donde por cierto conseguimos posicionar el vino español a un precio superior al que lo vendemos a la UE-, se diseñan etiquetas impactantes, encontramos vinos de cualquier lugar de España en países donde sólo penetraban las denominaciones de origen más comerciales, etc.

Las bodegas invierten más en el control de la eficiencia energética de sus explotaciones, con lo que se consigue mayor ahorro, ahora sólo hace falta convencer al mundo de que nuestro producto merece conquistar cotas más altas. Algunos ya hemos empezado.

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